Compartir
Boletín Salesiano 142. Julio/Agosto 2009
En estos tiempos de crisis de referencia de educadores o de ambientes educativos, la propuesta pedagógica de don Bosco se hace más urgente y necesaria porque la educación se ha despersonalizado y los ambientes familiares han perdido la capacidad de dar acogida, ternura, afecto a los niños y las escuelas los reciben así. Más que nunca es necesario crear un ambiente educativo adecuado a estas necesidades. A continuación presentamos algunos rasgos característicos del estilo educativo de Don Bosco y que hoy día los salesianos del Paraguay y del mundo seguimos implementando en la educación de la juventud.
La educación personalizada
El “sistema preventivo” exige por definición una auténtica preocupación por el individuo, por cada personalidad de los educandos, cada uno de los cuales ocupa el puesto central de un proceso educativo. Para llegar a ésto Don Bosco tuvo una atención especial al ambiente, al clima general para que en una atmósfera adecuada naciese el afecto y la confianza de cada uno.
Además del registro oficial de la conducta de los alumnos, tenía otro registro particular de todos los jóvenes. Para Don Bosco la acción educativa es incompleta y poco eficaz si no desemboca en la relación personal entre educador y educando, fundada en la espontaneidad y la confianza. Esta relación está representada en el encuentro personal.
La presencia fraterna del educador “asistente”
El sistema preventivo es, a la vez, preventivo y directivo, caracterizada por una presencia activa, viva, constructiva de una voz amiga, la del “asistente-educador”. Esto implica un amor educativo, que Don Bosco lo traduce en benevolencia (= estima y valoración del otro como persona), promoción (=reconocimiento del otro en su afectiva alteridad y en sus exigencias profundas, reciprocidad (= que se manifiesta especialmente en la amistad).
El educador – asistente salesiano es el corazón del sistema preventivo. Para don Bosco era clara la debilidad de los muchachos, la fragilidad de su voluntad, la influencia y las huellas negativas del ambiente, de modo que la vigilancia para él significaba esa presencia suya de compromiso con cada joven para acompañarlo, ayudarlo, sostenerlo. El sentido de la asistencia es una relación intensamente personal, amistosa, providente, donde se crea un ambiente educativo en todo lo que implica conducir, acompañar, liderar.
El ambiente educativo de familia
Don Bosco ofrece a los muchachos un ambiente de familia donde se exige el cumplimiento del deber y, al mismo tiempo, expansión y alegría expresada en juego, canto, música, excursiones y teatro. No se puede educar en profundidad sin “familiaridad y confianza”. Don Bosco se complacía en utilizar el término “familiaridad” para definir cómo tenía que ser el trato entre educadores y jóvenes.
Su larga experiencia le había llevado a la convicción de que sin familiaridad es imposible demostrar el amor, y que sin tal demostración no puede surgir la confianza, condición imprescindible para el buen resultado de la educación. Los objetivos, el programa y las orientaciones metodológicas sólo adquieren concreción y eficacia si llevan el sello de un “espíritu de familia”.
Este sistema preventivo se apoya por completo en la razón, en la religión y en el amor
Razón que significa sentido común, concretez y adhesión a la realidad juvenil, flexibilidad en los planes, uso de la racionalidad en función motivante y preventiva. Razón indica también la confianza plena en la capacidad del joven de ser protagonista de su formación.
Religión: esta finalidad se incluye en la misma formación humana (deseo que sean buenos cristianos y honrados ciudadanos), porque el fin último de la educación es, según Don Bosco, “la educación moral, civil y científica de los jóvenes”; y también la “moralidad y ciencia”; o bien “la alegría y el estudio”; fórmula del ideal educativo-religioso concretamente humanista.
Amor: que se traduce en estos términos: humanidad, cordialidad, acogida, dulzura, afectividad límpida y sincera. Esto implica la buena relación pedagógica, el verdadero “estar con” para prevenir y formar; el estar juntos para colaborar, ayudar, promover el crecimiento e incluso defender de eventuales peligros.
El sistema Preventivo como sistema global y positivo de educación
Don Bosco sintió la necesidad de liberar a la escuela de un aspecto formalista y memorístico para darle otro cariz de tinte más formativo y educativo. Se abrió a las técnicas didácticas nuevas, más eficaces e interesantes, fundadas en el método intuitivo e inductivo, en el empleo de medios didácticos para hacer menos abstracta la enseñanza. Pero lo que hace total y positivo todo el conjunto del sistema es la integridad de los fines educativos. “Hacer honestos ciudadanos y buenos cristianos”.
Desafíos educativos en el Paraguay
El proyecto educativo de Don Bosco nace con la idea de superar un problema social. Hoy en el Paraguay estamos ante la necesidad de superar los problemas sociales que exigen cambios para todos los sectores. Ahora, surge una gran pregunta: la propuesta educativa actual ¿responde realmente a las exigencias de este siglo? Los egresados de las universidades ¿tienen las herramientas y competencias para enfrentar los desafíos y cambios vertiginosos de la sociedad actual? Estos interrogantes exigen respuestas concretas y urgentes. A continuación presentamos algunos desafíos educativos.
¿Qué aspiración tiene el pueblo paraguayo?
La aspiración del pueblo paraguayo en el siglo XXI es vivir la democracia y satisfacer sus necesidades básicas, reducir la pobreza y mejorar el nivel y la calidad de vida. Hacer esto dentro de un contexto de apertura de mercados, de mayor competitividad mundial y de integración económica regional, requiere desarrollar las competencias de las personas para generar empleo productivo.
Para ello, el sistema educativo debe formar personas competentes con un saber diferente al actual de tal manera que sean capaces de acceder a la ciencia y a la tecnología e incluso poder producirlas. No podría esperarse otro efecto del hecho de concebir la educación como el principal instrumento de transformación de la sociedad paraguaya y de gestar las bases de una revolución cultural y educativa de la cual emerja la nueva escuela que requiere una sociedad que pretende ser democrática, equitativa y solidaria. Lograr estos objetivos requiere educar más y mejor a la población en su conjunto.
El logro de una democracia efectiva y de una sociedad competitiva sustentable
Esto sólo es posible si se desarrollan competencias relacionadas con el pensamiento, el afecto y la acción de las personas. Desarrollar estas competencias y estas actitudes requiere enormes esfuerzos de parte de los sistemas educativos y culturales de las sociedades. Dado el elevado porcentaje de niños y jóvenes de la población, la educación en Paraguay es un factor clave para aumentar la productividad y reducir la pobreza. Es un desafío que convoca los mejores esfuerzos de las escuelas, de las iglesias, de los centros de cultura, de las organizaciones no gubernamentales, de los gremios, de las empresas y de las organizaciones diversas de la sociedad civil a nivel comunitario y nacional.
La creatividad en la educación
La creatividad de los diversos sectores de la sociedad ha sido considerada como el recurso más preciado para lidiar con los desafíos que caracterizan a los momentos actuales, marcados por los cambios que acontecen a un ritmo cada vez más rápido, por un progreso sin precedentes y por una gran inestabilidad e incertidumbre, de ahí la importancia de educar para la emprendibilidad a los niños y jóvenes de nuestra sociedad.
Opción antropológica
Don Bosco, al implementar su sistema educativo, definió qué tipo de hombre deseaba formar (Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos”), estructuró todo un ambiente para lograr dicho objetivo. Hoy nuestro país, en un mundo más competitivo, requiere definir un nuevo hombre y mujer paraguaya. Con capacidad creadora, de esfuerzo, competencia y con fuerte autoestima, con sentido ético y solidario. La escuela, los colegios, las universidades, los institutos superiores pueden y deben jugar un papel fundamental para producir esas generaciones del futuro con nuevos valores y competencias, que puedan construir un mañana digno para sí y para las generaciones venideras en nuestro país.
Calidad e innovación Educativa
La calidad de un sistema educativo descansa, en buena medida, en la calidad de sus maestros y maestras. Don Bosco, en su sistema preventivo, exigía a sus educadores una presencia activa, viva, constructiva, de una voz amiga, competente, para facilitar a los educandos una buena enseñanza.
Estos esfuerzos facilitan a que en las aulas se dé un aprendizaje activo, centrado en el alumno, donde los niños aprendan en experiencias directas, y a través de ejemplos, la práctica del diálogo como opción preferencial para la solución de diferencias. Es importante tener en cuenta que el esfuerzo y la motivación de los educadores dependen en gran medida de los incentivos que tengan para desempeñarse bien, como por ejemplo, sistema de supervisión, salarios, seguridad en el puesto de trabajo.
El sistema educativo paraguayo
Nuestro sistema se encuentra entre los países del mundo con menor número de horas de clases por año. El desafío radica en la necesidad de aumentar en los establecimientos educativos la permanencia en horas de clases de los niños y niñas durante el año. La política educativa deberá enfrentar estos requerimientos si desea efectivamente superar la debilidad de las tasas de rendimiento. En consecuencia, la tarea tendrá que ser ampliamente compartida por los docentes, la familia y la comunidad educativa. Es necesario cambiar la estructura, y sobre todo el sentido de la educación formal, orientada a carreras profesionales en contacto con el mundo laboral.
Educar para transformar el mundo
La globalización económica, la homogeneización cultural, el avance tecnológico y científico, los riesgos medioambientales, no son fenómenos aislados. Tienen consecuencias sociales, políticas y económicas tanto a nivel mundial como local, y plantean nuevas necesidades y dilemas que debemos resolver.
Estas transformaciones no sólo están afectando a la forma en que se organizan los países y se establecen las reglas internacionales, sino también al modo en que las personas nos relacionamos y pensamos.
La educación debe hacer frente a estos retos aportando herramientas para la comprensión de los problemas, y ofreciendo al mismo tiempo instrumentos para la búsqueda creativa de soluciones. Esto sólo es posible a partir una nueva concepción de la ciudadanía que transcienda la perspectiva cívica y plantee los derechos y las responsabilidades en un marco global y colectivo.
Educar desde una visión integral de la persona
Se plantea una perspectiva integral de la persona en consonancia con el informe Delors donde se mencionan cuatro aprendizajes básicos para hacer frente a los nuevos retos de la sociedad: aprender a conocer y adquirir los instrumentos de la comprensión (aprender a aprender); aprender a hacer e influir en el entorno propio (aprender a hacer); aprender a vivir juntos (aprender a convivir); aprender a ser personas (aprender a ser).
La Ciudadanía Global añade un quinto pilar dirigido a la construcción de un mundo más justo: “aprender a transformar”. Unos procesos educativos participativos, no autoritarios, activos, proponiendo una “educación para...” y no un adoctrinamiento.
Educar, para este milenio, es enseñar a pensar, enseñar a crecer intelectual, emocional y moralmente a nuestros hijos y alumnos, enseñar a vivir y convivir, siempre en un constante esfuerzo. Educar es ayudar a desarrollar cuánto de positivo hay en el interior de cada persona. Para los hijos e hijas de Don Bosco, educar para el siglo XXI sigue siendo “Cosa del Corazón”.
Boletín Salesiano 142. Julio/Agosto 2009
En estos tiempos de crisis de referencia de educadores o de ambientes educativos, la propuesta pedagógica de don Bosco se hace más urgente y necesaria porque la educación se ha despersonalizado y los ambientes familiares han perdido la capacidad de dar acogida, ternura, afecto a los niños y las escuelas los reciben así. Más que nunca es necesario crear un ambiente educativo adecuado a estas necesidades. A continuación presentamos algunos rasgos característicos del estilo educativo de Don Bosco y que hoy día los salesianos del Paraguay y del mundo seguimos implementando en la educación de la juventud.
La educación personalizada
El “sistema preventivo” exige por definición una auténtica preocupación por el individuo, por cada personalidad de los educandos, cada uno de los cuales ocupa el puesto central de un proceso educativo. Para llegar a ésto Don Bosco tuvo una atención especial al ambiente, al clima general para que en una atmósfera adecuada naciese el afecto y la confianza de cada uno.
Además del registro oficial de la conducta de los alumnos, tenía otro registro particular de todos los jóvenes. Para Don Bosco la acción educativa es incompleta y poco eficaz si no desemboca en la relación personal entre educador y educando, fundada en la espontaneidad y la confianza. Esta relación está representada en el encuentro personal.
La presencia fraterna del educador “asistente”
El sistema preventivo es, a la vez, preventivo y directivo, caracterizada por una presencia activa, viva, constructiva de una voz amiga, la del “asistente-educador”. Esto implica un amor educativo, que Don Bosco lo traduce en benevolencia (= estima y valoración del otro como persona), promoción (=reconocimiento del otro en su afectiva alteridad y en sus exigencias profundas, reciprocidad (= que se manifiesta especialmente en la amistad).
El educador – asistente salesiano es el corazón del sistema preventivo. Para don Bosco era clara la debilidad de los muchachos, la fragilidad de su voluntad, la influencia y las huellas negativas del ambiente, de modo que la vigilancia para él significaba esa presencia suya de compromiso con cada joven para acompañarlo, ayudarlo, sostenerlo. El sentido de la asistencia es una relación intensamente personal, amistosa, providente, donde se crea un ambiente educativo en todo lo que implica conducir, acompañar, liderar.
El ambiente educativo de familia
Don Bosco ofrece a los muchachos un ambiente de familia donde se exige el cumplimiento del deber y, al mismo tiempo, expansión y alegría expresada en juego, canto, música, excursiones y teatro. No se puede educar en profundidad sin “familiaridad y confianza”. Don Bosco se complacía en utilizar el término “familiaridad” para definir cómo tenía que ser el trato entre educadores y jóvenes.
Su larga experiencia le había llevado a la convicción de que sin familiaridad es imposible demostrar el amor, y que sin tal demostración no puede surgir la confianza, condición imprescindible para el buen resultado de la educación. Los objetivos, el programa y las orientaciones metodológicas sólo adquieren concreción y eficacia si llevan el sello de un “espíritu de familia”.
Este sistema preventivo se apoya por completo en la razón, en la religión y en el amor
Razón que significa sentido común, concretez y adhesión a la realidad juvenil, flexibilidad en los planes, uso de la racionalidad en función motivante y preventiva. Razón indica también la confianza plena en la capacidad del joven de ser protagonista de su formación.
Religión: esta finalidad se incluye en la misma formación humana (deseo que sean buenos cristianos y honrados ciudadanos), porque el fin último de la educación es, según Don Bosco, “la educación moral, civil y científica de los jóvenes”; y también la “moralidad y ciencia”; o bien “la alegría y el estudio”; fórmula del ideal educativo-religioso concretamente humanista.
Amor: que se traduce en estos términos: humanidad, cordialidad, acogida, dulzura, afectividad límpida y sincera. Esto implica la buena relación pedagógica, el verdadero “estar con” para prevenir y formar; el estar juntos para colaborar, ayudar, promover el crecimiento e incluso defender de eventuales peligros.
El sistema Preventivo como sistema global y positivo de educación
Don Bosco sintió la necesidad de liberar a la escuela de un aspecto formalista y memorístico para darle otro cariz de tinte más formativo y educativo. Se abrió a las técnicas didácticas nuevas, más eficaces e interesantes, fundadas en el método intuitivo e inductivo, en el empleo de medios didácticos para hacer menos abstracta la enseñanza. Pero lo que hace total y positivo todo el conjunto del sistema es la integridad de los fines educativos. “Hacer honestos ciudadanos y buenos cristianos”.
Desafíos educativos en el Paraguay
El proyecto educativo de Don Bosco nace con la idea de superar un problema social. Hoy en el Paraguay estamos ante la necesidad de superar los problemas sociales que exigen cambios para todos los sectores. Ahora, surge una gran pregunta: la propuesta educativa actual ¿responde realmente a las exigencias de este siglo? Los egresados de las universidades ¿tienen las herramientas y competencias para enfrentar los desafíos y cambios vertiginosos de la sociedad actual? Estos interrogantes exigen respuestas concretas y urgentes. A continuación presentamos algunos desafíos educativos.
¿Qué aspiración tiene el pueblo paraguayo?
La aspiración del pueblo paraguayo en el siglo XXI es vivir la democracia y satisfacer sus necesidades básicas, reducir la pobreza y mejorar el nivel y la calidad de vida. Hacer esto dentro de un contexto de apertura de mercados, de mayor competitividad mundial y de integración económica regional, requiere desarrollar las competencias de las personas para generar empleo productivo.
Para ello, el sistema educativo debe formar personas competentes con un saber diferente al actual de tal manera que sean capaces de acceder a la ciencia y a la tecnología e incluso poder producirlas. No podría esperarse otro efecto del hecho de concebir la educación como el principal instrumento de transformación de la sociedad paraguaya y de gestar las bases de una revolución cultural y educativa de la cual emerja la nueva escuela que requiere una sociedad que pretende ser democrática, equitativa y solidaria. Lograr estos objetivos requiere educar más y mejor a la población en su conjunto.
El logro de una democracia efectiva y de una sociedad competitiva sustentable
Esto sólo es posible si se desarrollan competencias relacionadas con el pensamiento, el afecto y la acción de las personas. Desarrollar estas competencias y estas actitudes requiere enormes esfuerzos de parte de los sistemas educativos y culturales de las sociedades. Dado el elevado porcentaje de niños y jóvenes de la población, la educación en Paraguay es un factor clave para aumentar la productividad y reducir la pobreza. Es un desafío que convoca los mejores esfuerzos de las escuelas, de las iglesias, de los centros de cultura, de las organizaciones no gubernamentales, de los gremios, de las empresas y de las organizaciones diversas de la sociedad civil a nivel comunitario y nacional.
La creatividad en la educación
La creatividad de los diversos sectores de la sociedad ha sido considerada como el recurso más preciado para lidiar con los desafíos que caracterizan a los momentos actuales, marcados por los cambios que acontecen a un ritmo cada vez más rápido, por un progreso sin precedentes y por una gran inestabilidad e incertidumbre, de ahí la importancia de educar para la emprendibilidad a los niños y jóvenes de nuestra sociedad.
Opción antropológica
Don Bosco, al implementar su sistema educativo, definió qué tipo de hombre deseaba formar (Buenos Cristianos y Honrados Ciudadanos”), estructuró todo un ambiente para lograr dicho objetivo. Hoy nuestro país, en un mundo más competitivo, requiere definir un nuevo hombre y mujer paraguaya. Con capacidad creadora, de esfuerzo, competencia y con fuerte autoestima, con sentido ético y solidario. La escuela, los colegios, las universidades, los institutos superiores pueden y deben jugar un papel fundamental para producir esas generaciones del futuro con nuevos valores y competencias, que puedan construir un mañana digno para sí y para las generaciones venideras en nuestro país.
Calidad e innovación Educativa
La calidad de un sistema educativo descansa, en buena medida, en la calidad de sus maestros y maestras. Don Bosco, en su sistema preventivo, exigía a sus educadores una presencia activa, viva, constructiva, de una voz amiga, competente, para facilitar a los educandos una buena enseñanza.
Estos esfuerzos facilitan a que en las aulas se dé un aprendizaje activo, centrado en el alumno, donde los niños aprendan en experiencias directas, y a través de ejemplos, la práctica del diálogo como opción preferencial para la solución de diferencias. Es importante tener en cuenta que el esfuerzo y la motivación de los educadores dependen en gran medida de los incentivos que tengan para desempeñarse bien, como por ejemplo, sistema de supervisión, salarios, seguridad en el puesto de trabajo.
El sistema educativo paraguayo
Nuestro sistema se encuentra entre los países del mundo con menor número de horas de clases por año. El desafío radica en la necesidad de aumentar en los establecimientos educativos la permanencia en horas de clases de los niños y niñas durante el año. La política educativa deberá enfrentar estos requerimientos si desea efectivamente superar la debilidad de las tasas de rendimiento. En consecuencia, la tarea tendrá que ser ampliamente compartida por los docentes, la familia y la comunidad educativa. Es necesario cambiar la estructura, y sobre todo el sentido de la educación formal, orientada a carreras profesionales en contacto con el mundo laboral.
Educar para transformar el mundo
La globalización económica, la homogeneización cultural, el avance tecnológico y científico, los riesgos medioambientales, no son fenómenos aislados. Tienen consecuencias sociales, políticas y económicas tanto a nivel mundial como local, y plantean nuevas necesidades y dilemas que debemos resolver.
Estas transformaciones no sólo están afectando a la forma en que se organizan los países y se establecen las reglas internacionales, sino también al modo en que las personas nos relacionamos y pensamos.
La educación debe hacer frente a estos retos aportando herramientas para la comprensión de los problemas, y ofreciendo al mismo tiempo instrumentos para la búsqueda creativa de soluciones. Esto sólo es posible a partir una nueva concepción de la ciudadanía que transcienda la perspectiva cívica y plantee los derechos y las responsabilidades en un marco global y colectivo.
Educar desde una visión integral de la persona
Se plantea una perspectiva integral de la persona en consonancia con el informe Delors donde se mencionan cuatro aprendizajes básicos para hacer frente a los nuevos retos de la sociedad: aprender a conocer y adquirir los instrumentos de la comprensión (aprender a aprender); aprender a hacer e influir en el entorno propio (aprender a hacer); aprender a vivir juntos (aprender a convivir); aprender a ser personas (aprender a ser).
La Ciudadanía Global añade un quinto pilar dirigido a la construcción de un mundo más justo: “aprender a transformar”. Unos procesos educativos participativos, no autoritarios, activos, proponiendo una “educación para...” y no un adoctrinamiento.
Educar, para este milenio, es enseñar a pensar, enseñar a crecer intelectual, emocional y moralmente a nuestros hijos y alumnos, enseñar a vivir y convivir, siempre en un constante esfuerzo. Educar es ayudar a desarrollar cuánto de positivo hay en el interior de cada persona. Para los hijos e hijas de Don Bosco, educar para el siglo XXI sigue siendo “Cosa del Corazón”.








