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Boletín Salesiano 142. Julio/Agosto 2009
¿Quién es este hombre que aún resuena en el corazón de tantos como modelo de discípulo y misionero?
Juan Melchor Bosco Ochiena nació en I Becchi, el l6 de agosto de 1815 y murió en Turín, el 31enero de 1888. Fue un sacerdote católico, educador y escritor piamontés del siglo XIX.
Fundó la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano y el Oratorio Salesiano.
Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un moderno sistema pedagógico conocido como Sistema Preventivo para la formación de los niños y jóvenes y promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América Latina.
Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y, al mismo tiempo, logró mantener la unidad de la Iglesia durante los duros años de la consolidación del Estado Italiano y los enfrentamientos entre éste y el Papa, que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento del Reino de Italia (1870-1946).
Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta de su siglo.
Caracterizado por su especial preocupación hacia los jóvenes, ésto le valió el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero.
Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de estado y autoridades eclesiásticas de países como Ecuador, España, Francia, Inglaterra, Polonia, Palestina, Panamá, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Colombia, entre muchas otras. Si bien no pudo responder positivamente a las numerosas peticiones durante su vida, estas serían cumplidas más allá de lo esperado después de su muerte.
Fue un visionario de su tiempo, al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sus salesianos, a la Iglesia Católica y al mundo en general.
Juan Bosco, conocido mundialmente como Don Bosco, fue declarado Santo por el Papa Pío XI el 1 de abril de 1934, a tan sólo 46 años después de su muerte, y le fue dado el título de “Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes” por el Papa Juan Pablo II.
Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre. La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco en 129 naciones.”
Las Constituciones Salesianas, en el artículo 21 nos dicen:
“El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro. Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía como si viera al Invisible”.
Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso: “no dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas.”
Ciertamente, Don Bosco como todo ser humano, es una personalidad compleja de definir y de conocer en profundidad; sin embargo, a través de su obra, de su vida, de su íntima relación con Dios y de su gran pasión por los jóvenes, de sus escritos, y de la repercusión que ha tenido en la historia, podemos acercarnos a su misterio.
Don Bosco, un campesino piamontés
Juan Melchor Bosco Occhiena es hijo de dos familias campesinas del Piamonte. Los Bosco siempre fueron trabajadores de la tierra dependientes de sus patrones; no tenían tierra propia, trabajaban la de sus señores y de ese trabajo obtenían un lugar para vivir y comida para alimentarse.
En 1793, Felipe Antonio Bosco (abuelo de Juanito) migra de Castelnuovo a Murialdo y se emplea en la hacienda ‘El Monasterio” de la familia Biglione, ubicada en lo que hoy conocemos como el Colle Don Bosco; es allí donde Francisco Luis (papá de Juanito) se casa con Margarita Cagliero (en 1805) y con Margarita Occhiena (en 1812). Allí nacerán Antonio José (1808), Teresa (+1810), José Luis (1813) y Juan Melchor (1815).
Solo en 1817, el 8 de febrero, Francisco Luis compró la casita de l’Becchi (un cobertizo en muy mal estado que se usaba para guardar herramientas y el ganado) a Francisco Graglia, lugar que ocupó mamá Margarita con sus hijos después de la muerte de su esposo y tras algunos arreglos en noviembre de ese mismo año. Los Occhiena, en cambio, si bien eran campesinos pobres, estaban asentados en la localidad de Capriglio por generaciones y eran minipropietarios, es decir, trabajaban su tierra y tenían su casa.
Don Bosco adquirirá la cultura de su gente, de la tierra: sencillo, trabajador, alegre, tenaz (algunos dirían porfiado), profundamente religioso, solidario. Estás son sus raíces y jamás renegó de ellas; al contrario, se enorgullecía de ser sólo un pobre campesino.
Don Bosco, el hijo de Margarita
Mamá Margarita nació en Capriglio el 1 de abril de 1788 y murió en el Oratorio de Turín el 25 de noviembre de 1856 a la edad de 68 años. Fue la sexta de 10 hermanos, de los cuales sobrevivieron solamente 5. Los papás de Margarita se llamaban Melchor Occhiena y Domenica Bossone.
El primer hecho de la vida de Don Bosco que él mismo nos cuenta es éste: “No tenía yo aún dos años cuando Dios nuestro Señor permitió en su misericordia que nos turbara una grave desgracia.” Su padre, Francisco Luis, muere el 11 de mayo de 1817. Este hecho sumió a su familia en la consternación.
Componían ese núcleo familiar mamá Margarita de 29 años, la abuela Margarita Zucca de 64 años, Antonio de 9 años, José de 4 años y Juanito de casi 2 años. La situación es dramática: había que mantener 5 personas y pagar la recién comprada casa de l’Becchi, y las cosechas del año, el único recurso, se perdieron por causa de una terrible sequía.
Margarita se había casado en Capriglio con Francisco Luis Bosco el 6 de junio de 1812; de ese matrimonio nació José Luis en 1813 y Juan Melchor en 1815. Su mayor preocupación fue la instrucción religiosa de sus hijos, enseñarles la obediencia y tenerlos ocupados en cosas compatibles con su edad. Mamá Margarita tiene una importancia definitiva en la formación de la personalidad de Juan.
Ella le enseñó a rezar, le enseñó la historia sagrada y el catecismo, el amor y temor a Dios. El ascendiente que tuvo sobre sus hijos nunca disminuyó con el correr de los años. Les enseñó a obedecer desde niños, especialmente a Juan, que era de temperamento rebelde y caprichoso. No los quiso comodones, fue austera y los hacía levantarse de madrugada y estar prontos a cualquier hora a prestar un servicio de trabajo o de caridad.
Siempre apoyó la vocación sacerdotal de su hijo Juan y luchó con todos los medios a su alcance para hacerlo estudiar. Fue su mejor compañera y su mejor apoyo en Valdocco, su consejera y la mamá de sus chicos.
Giacomo D’Aquino, en su libro “Sicología de Don Bosco”, dice: “La profunda relación entre madre e hijo tuvo un papel determinante en la vida de Don Bosco. Durante toda su vida lo acompañarán no solamente las palabras y el ejemplo de la madre, sino sobre todo, la confianza primaria construida en relación a ella.., tenía un Yo fuerte y eso procede de una buena relación con su madre”.
Don Bosco, el Sacerdote
El 5 de junio de 1841 el seminarista Bosco es ordenado sacerdote por Mons. Fransoni en la capilla del palacio episcopal. Este ministerio no es un mero rol para Juan, es una vocación que hunde sus raíces en el sueño de los nueve años y que, a lo largo de toda su vida, marcará su persona, su relación con Dios y con los demás.
Ser sacerdote para Don Bosco es fundamento de su identidad; en efecto, Don Bosco ha sido, ante todo y sobre todo un verdadero sacerdote. La nota dominante de su vida y de su misión es el fortísimo sentido de su identidad de sacerdote católico según el corazón de Cristo Buen Pastor. Por algo lo seguimos llamando “Don Bosco”.
Reveladora, al respecto, es la declaración del mismo en diciembre de 1866 al presidente del Consejo de Ministros, Bettino Riccasoli, quien lo había citado al palacio Pitti en Florencia (capital del Reino en ese momento): “Excelencia, sepa que Don Bosco es sacerdote cuando está en el altar, en el confesionario, entre los jóvenes; sacerdote en Turín y sacerdote aquí; en la casa del pobre y en el palacio del Rey o de los ministros.”
En verdad, el amigo de los jóvenes, el apóstol de la clase obrera, el precursor de los tiempos nuevos y de la educación nueva, fue ante todo y sobre todo ‘sacerdote”; toda su formación fue clerical, y si se dedicó a la educación de los jóvenes fue por una necesidad y una exigencia de su sacerdocio, vivido para ellos. Su Oratorio fue la parroquia que él creó para sus muchachos.
Don Bosco, el educador
Un presbítero piamontés que vivió, como sacerdote, una experiencia histórica concreta, una síntesis entre pastoral y educación. No concibió una teoría pedagógica desde su conciencia y su saber presbiteral, sino que hizo de su sacerdocio ministerial una experiencia educativa con los jóvenes y para ellos, volviéndose su alumno y su maestro.
San Juan Bosco fue un educador excepcional. Su inteligencia aguda, su sentido común y su profunda espiritualidad le llevaron a crear un sistema de educación capaz de desarrollar a la persona en su totalidad: cuerpo, corazón, mente y espíritu.
Valora en su justo punto el crecimiento y la libertad mientras coloca al niño y al joven en el centro mismo de toda la empresa educativa.
Esta relación con los jóvenes fraguada desde su corazón sacerdotal para atender sus necesidades espirituales y materiales, afectivas y culturales, físicas y psicológicas, es lo que conocemos como “sistema preventivo”.
En 1877 Don Bosco escribe unas líneas sobre su sistema educativo. Es muy breve. De hecho, es una síntesis o esquema, una especie de índice de una obra más amplia que Don Bosco promete pero no realiza.
Su contenido esencial está resumido en estas palabras: “Este sistema descansa por entero en la razón, en la religión y en el amor. Por consiguiente, excluye todo castigo violento y procura alejar aún los suaves”. Supone experiencias e ideas lentamente maduradas. Por éso, para entenderlas, hay que mirarlas, leerlas, a la luz de la vida, de la persona y de las obras de su autor.
Sólo en Don Bosco y en Don Bosco con y para los jóvenes entenderemos su sistema preventivo, su espiritualidad y su verdadero aporte a la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Volver a Don Bosco es una necesidad constante para ser fieles al carisma recibido, a la voluntad de Dios y a los jóvenes de hoy.
Boletín Salesiano 142. Julio/Agosto 2009
¿Quién es este hombre que aún resuena en el corazón de tantos como modelo de discípulo y misionero?
Juan Melchor Bosco Ochiena nació en I Becchi, el l6 de agosto de 1815 y murió en Turín, el 31enero de 1888. Fue un sacerdote católico, educador y escritor piamontés del siglo XIX.
Fundó la Congregación Salesiana, el Instituto de las Hijas de María Auxiliadora, la Asociación de Salesianos Cooperadores, el Boletín Salesiano y el Oratorio Salesiano.
Promovió la Asociación de Exalumnos Salesianos, el desarrollo de un moderno sistema pedagógico conocido como Sistema Preventivo para la formación de los niños y jóvenes y promovió la construcción de obras educativas al servicio de la juventud más necesitada, especialmente en Europa y América Latina.
Fue uno de los sacerdotes más cercanos al pontificado de Pío IX y, al mismo tiempo, logró mantener la unidad de la Iglesia durante los duros años de la consolidación del Estado Italiano y los enfrentamientos entre éste y el Papa, que ocasionó la pérdida de los llamados Estados Pontificios y el nacimiento del Reino de Italia (1870-1946).
Fue autor de numerosas obras, todas dirigidas a la educación juvenil y a la defensa de la fe católica, lo que lo destaca como uno de los principales promotores de la imprenta de su siglo.
Caracterizado por su especial preocupación hacia los jóvenes, ésto le valió el respeto de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo y de su país, así como una notable fama en el extranjero.
Sus obras fueron requeridas directamente por jefes de estado y autoridades eclesiásticas de países como Ecuador, España, Francia, Inglaterra, Polonia, Palestina, Panamá, Argentina, Brasil, Uruguay, Chile y Colombia, entre muchas otras. Si bien no pudo responder positivamente a las numerosas peticiones durante su vida, estas serían cumplidas más allá de lo esperado después de su muerte.
Fue un visionario de su tiempo, al punto de predecir acontecimientos que se darían a lo largo del siglo XX en lo referente a sus salesianos, a la Iglesia Católica y al mundo en general.
Juan Bosco, conocido mundialmente como Don Bosco, fue declarado Santo por el Papa Pío XI el 1 de abril de 1934, a tan sólo 46 años después de su muerte, y le fue dado el título de “Padre, Maestro y Amigo de los Jóvenes” por el Papa Juan Pablo II.
Poblaciones, provincias, parques, calles, teatros, museos, universidades y sobre todo colegios llevan su nombre. La Familia Salesiana es uno de los grupos católicos más numerosos del mundo y existen obras de Don Bosco en 129 naciones.”
Las Constituciones Salesianas, en el artículo 21 nos dicen:
“El Señor nos ha dado a Don Bosco como padre y maestro. Lo estudiamos e imitamos admirando en él una espléndida armonía entre naturaleza y gracia. Profundamente humano y rico en las virtudes de su pueblo, estaba abierto a las realidades terrenas; profundamente hombre de Dios y lleno de los dones del Espíritu Santo, vivía como si viera al Invisible”.
Ambos aspectos se fusionaron en un proyecto de vida fuertemente unitario: el servicio a los jóvenes. Lo realizó con firmeza y constancia, entre obstáculos y fatigas, con la sensibilidad de un corazón generoso: “no dio un paso, ni pronunció palabra, ni acometió empresa que no tuviera por objeto la salvación de la juventud. Lo único que realmente le interesó fueron las almas.”
Ciertamente, Don Bosco como todo ser humano, es una personalidad compleja de definir y de conocer en profundidad; sin embargo, a través de su obra, de su vida, de su íntima relación con Dios y de su gran pasión por los jóvenes, de sus escritos, y de la repercusión que ha tenido en la historia, podemos acercarnos a su misterio.
Don Bosco, un campesino piamontés
Juan Melchor Bosco Occhiena es hijo de dos familias campesinas del Piamonte. Los Bosco siempre fueron trabajadores de la tierra dependientes de sus patrones; no tenían tierra propia, trabajaban la de sus señores y de ese trabajo obtenían un lugar para vivir y comida para alimentarse.
En 1793, Felipe Antonio Bosco (abuelo de Juanito) migra de Castelnuovo a Murialdo y se emplea en la hacienda ‘El Monasterio” de la familia Biglione, ubicada en lo que hoy conocemos como el Colle Don Bosco; es allí donde Francisco Luis (papá de Juanito) se casa con Margarita Cagliero (en 1805) y con Margarita Occhiena (en 1812). Allí nacerán Antonio José (1808), Teresa (+1810), José Luis (1813) y Juan Melchor (1815).
Solo en 1817, el 8 de febrero, Francisco Luis compró la casita de l’Becchi (un cobertizo en muy mal estado que se usaba para guardar herramientas y el ganado) a Francisco Graglia, lugar que ocupó mamá Margarita con sus hijos después de la muerte de su esposo y tras algunos arreglos en noviembre de ese mismo año. Los Occhiena, en cambio, si bien eran campesinos pobres, estaban asentados en la localidad de Capriglio por generaciones y eran minipropietarios, es decir, trabajaban su tierra y tenían su casa.
Don Bosco adquirirá la cultura de su gente, de la tierra: sencillo, trabajador, alegre, tenaz (algunos dirían porfiado), profundamente religioso, solidario. Estás son sus raíces y jamás renegó de ellas; al contrario, se enorgullecía de ser sólo un pobre campesino.
Don Bosco, el hijo de Margarita
Mamá Margarita nació en Capriglio el 1 de abril de 1788 y murió en el Oratorio de Turín el 25 de noviembre de 1856 a la edad de 68 años. Fue la sexta de 10 hermanos, de los cuales sobrevivieron solamente 5. Los papás de Margarita se llamaban Melchor Occhiena y Domenica Bossone.
El primer hecho de la vida de Don Bosco que él mismo nos cuenta es éste: “No tenía yo aún dos años cuando Dios nuestro Señor permitió en su misericordia que nos turbara una grave desgracia.” Su padre, Francisco Luis, muere el 11 de mayo de 1817. Este hecho sumió a su familia en la consternación.
Componían ese núcleo familiar mamá Margarita de 29 años, la abuela Margarita Zucca de 64 años, Antonio de 9 años, José de 4 años y Juanito de casi 2 años. La situación es dramática: había que mantener 5 personas y pagar la recién comprada casa de l’Becchi, y las cosechas del año, el único recurso, se perdieron por causa de una terrible sequía.
Margarita se había casado en Capriglio con Francisco Luis Bosco el 6 de junio de 1812; de ese matrimonio nació José Luis en 1813 y Juan Melchor en 1815. Su mayor preocupación fue la instrucción religiosa de sus hijos, enseñarles la obediencia y tenerlos ocupados en cosas compatibles con su edad. Mamá Margarita tiene una importancia definitiva en la formación de la personalidad de Juan.
Ella le enseñó a rezar, le enseñó la historia sagrada y el catecismo, el amor y temor a Dios. El ascendiente que tuvo sobre sus hijos nunca disminuyó con el correr de los años. Les enseñó a obedecer desde niños, especialmente a Juan, que era de temperamento rebelde y caprichoso. No los quiso comodones, fue austera y los hacía levantarse de madrugada y estar prontos a cualquier hora a prestar un servicio de trabajo o de caridad.
Siempre apoyó la vocación sacerdotal de su hijo Juan y luchó con todos los medios a su alcance para hacerlo estudiar. Fue su mejor compañera y su mejor apoyo en Valdocco, su consejera y la mamá de sus chicos.
Giacomo D’Aquino, en su libro “Sicología de Don Bosco”, dice: “La profunda relación entre madre e hijo tuvo un papel determinante en la vida de Don Bosco. Durante toda su vida lo acompañarán no solamente las palabras y el ejemplo de la madre, sino sobre todo, la confianza primaria construida en relación a ella.., tenía un Yo fuerte y eso procede de una buena relación con su madre”.
Don Bosco, el Sacerdote
El 5 de junio de 1841 el seminarista Bosco es ordenado sacerdote por Mons. Fransoni en la capilla del palacio episcopal. Este ministerio no es un mero rol para Juan, es una vocación que hunde sus raíces en el sueño de los nueve años y que, a lo largo de toda su vida, marcará su persona, su relación con Dios y con los demás.
Ser sacerdote para Don Bosco es fundamento de su identidad; en efecto, Don Bosco ha sido, ante todo y sobre todo un verdadero sacerdote. La nota dominante de su vida y de su misión es el fortísimo sentido de su identidad de sacerdote católico según el corazón de Cristo Buen Pastor. Por algo lo seguimos llamando “Don Bosco”.
Reveladora, al respecto, es la declaración del mismo en diciembre de 1866 al presidente del Consejo de Ministros, Bettino Riccasoli, quien lo había citado al palacio Pitti en Florencia (capital del Reino en ese momento): “Excelencia, sepa que Don Bosco es sacerdote cuando está en el altar, en el confesionario, entre los jóvenes; sacerdote en Turín y sacerdote aquí; en la casa del pobre y en el palacio del Rey o de los ministros.”
En verdad, el amigo de los jóvenes, el apóstol de la clase obrera, el precursor de los tiempos nuevos y de la educación nueva, fue ante todo y sobre todo ‘sacerdote”; toda su formación fue clerical, y si se dedicó a la educación de los jóvenes fue por una necesidad y una exigencia de su sacerdocio, vivido para ellos. Su Oratorio fue la parroquia que él creó para sus muchachos.
Don Bosco, el educador
Un presbítero piamontés que vivió, como sacerdote, una experiencia histórica concreta, una síntesis entre pastoral y educación. No concibió una teoría pedagógica desde su conciencia y su saber presbiteral, sino que hizo de su sacerdocio ministerial una experiencia educativa con los jóvenes y para ellos, volviéndose su alumno y su maestro.
San Juan Bosco fue un educador excepcional. Su inteligencia aguda, su sentido común y su profunda espiritualidad le llevaron a crear un sistema de educación capaz de desarrollar a la persona en su totalidad: cuerpo, corazón, mente y espíritu.
Valora en su justo punto el crecimiento y la libertad mientras coloca al niño y al joven en el centro mismo de toda la empresa educativa.
Esta relación con los jóvenes fraguada desde su corazón sacerdotal para atender sus necesidades espirituales y materiales, afectivas y culturales, físicas y psicológicas, es lo que conocemos como “sistema preventivo”.
En 1877 Don Bosco escribe unas líneas sobre su sistema educativo. Es muy breve. De hecho, es una síntesis o esquema, una especie de índice de una obra más amplia que Don Bosco promete pero no realiza.
Su contenido esencial está resumido en estas palabras: “Este sistema descansa por entero en la razón, en la religión y en el amor. Por consiguiente, excluye todo castigo violento y procura alejar aún los suaves”. Supone experiencias e ideas lentamente maduradas. Por éso, para entenderlas, hay que mirarlas, leerlas, a la luz de la vida, de la persona y de las obras de su autor.
Sólo en Don Bosco y en Don Bosco con y para los jóvenes entenderemos su sistema preventivo, su espiritualidad y su verdadero aporte a la vida de la Iglesia y de la sociedad.
Volver a Don Bosco es una necesidad constante para ser fieles al carisma recibido, a la voluntad de Dios y a los jóvenes de hoy.








