Boletín Salesiano 141. Mayo/Junio 2009

A partir de este número presentaremos algunas reflexiones extraídas del libro “La Familia que Educa, con el método de Don Bosco” de Bruno Ferrero, con el propósito de facilitar la tarea educativa de los padres a partir del Sistema preventivo. El primer recuerdo de Don Bosco es la mano de su madre. Juanito tenía sólo dos años y no quería salir del cuarto donde había fallecido su padre. El mismo cuenta: “Pobre hijo -dijo mi madre- ven conmigo; tú ya no tienes papá”. Dijo eso y rompió a llorar; me agarró de la mano y me llevó a otra parte, y entretanto yo lloraba porque ella lloraba”. La mano de Margarita, que está desgarrada por el dolor y el temor al futuro, es dulce y firme. Nunca dejará a sus hijos.

Es el primer mensaje importante: “Podemos estar desesperados, pero seguimos adelante y no importa lo que suceda, tú puedes contar conmigo”. Margarita tenía entonces veintinueve años; Juanito dos, José cuatro, Antonio catorce. Para Antonio, Margarita es solamente la “madrastra’. Además es un adolescente áspero, buen trabajador, pero tozudo y celoso.

Una madre moderna

En todo eso, Margarita es una mamá muy “moderna”: la responsabilidad de la familia pesa por completo sobre sus hombros. La clásica frase sobre las madres, hoy debería decirse así: “¡Mamá está sola!” Hoy las mamás están solas de muchas maneras.

Tienen doble trabajo: fuera y en casa; o están separadas con hijos a cargo, o, como sucede la mayoría de las veces, se las deja solas en la educación de los hijos. “Mi esposo, de estas cosas no se interesa” dicen, casi para justificar una distracción que en realidad es una culpa grave.

Mamá Margarita está, antes que nada, presente. El suyo es un amor total y efectivo, hecho de pocas palabras, muchas acciones, un ejemplo continuo, un don de sí absoluto.

Es una campesina analfabeta, pero rica en infinita sabiduría, y dotada de un equilibrio poco común.

Su influencia en Don Bosco

Todos concuerdan en resaltar el papel determinante de Mamá Margarita en la formación de Juan Bosco. Las suyas fueron enseñanzas sencillas, muy grandes. Por ejemplo: Decisión y valor son los primeros ingredientes para lograr el éxito.

Nadie vio nunca a Don Bosco “desalentado”, tampoco a su madre.

En familia todos deben dar una mano. Mamá Margarita acostumbró muy pronto a sus hijos a trabajar en la casa y el campo. Juan tuvo que arreglárselas para pagar sus estudios: aprendió el oficio de sastre, albañil, salonero e incluso barbero.

En Valdocco tampoco había “mimados”: cuando un muchacho corría donde Mamá Margarita para hacerse coser un botón del saco, ella le entregaba aguja e hilo y le decía: “¿Por qué no lo intentas tú? Hay que aprender a hacer de todo”

El carácter debe dominarse. Cada hijo tiene un carácter distinto, pero cada cual debe aprender a tener el suyo bajo control.

Con la dulzura y la paciencia amansó a Antonio, inclinado a la rudeza. Con mucha atención observó la evolución de Juanito: “Juan tenía en sí ese sentimiento de seguridad en actuar que tan fácilmente puede convertirse en soberbia; y Margarita no tuvo dudas en reprimir los pequeños caprichos desde el comienzo, cuando él no podía ser capaz de tener responsabilidad moral”, recuerda su biógrafo.

Las peleas y las incomprensiones entre hermanos no se resuelven con las reprimendas y las discusiones. Mamá Margarita reconoció la parte de razón de Antonio, quien no entendía el deseo de estudiar de Juan, e intervino eficazmente. Aunque probablemente tenía lágrimas en los ojos mientras preparaba el hatillo de Juan que iba a hacer de peón lejos de casa.

La vocación de Juanito

Los hijos tienen un camino en el cual deben ser acompañados. Ni bien comprendió la vocación de su hijo, Margarita le dijo claramente: “Óyeme bien, Juan. Yo quiero que tú lo pienses bien y con calma. Cuando lo hayas decidido, sigue tu camino sin mirar a nadie. Lo más importante es que tú hagas la voluntad de Dios.

El párroco quisiera que yo te hiciera cambiar de idea, porque en el futuro pudiera yo necesitarte. Pero yo te digo: en estas cosas tu madre nada tiene que ver. Dios está antes que nada. De ti yo no quiero nada, no espero nada”. Eso es realmente dar la vida.

Sobre sus rodillas nació el sistema educativo de Don Bosco.

La dicha y la serenidad son la sal de la vida. Mamá Margarita vigilaba, pero no de una forma suspicaz y pesada. Sabía reprochar sonriendo. Y sabía tomar la vida con una pizca de humor.

Cuando dejó su pequeño paraíso de los “Becchi” para seguir a Don Bosco en un barrio de la periferia triste y de mala fama, cantaba con su hijo “Ay del mundo, si nos oye, forasteros y sin nada”.

Hablar, dialogar, narrar, son los momentos vitales de la vida familiar. Y en la pequeña casa de los Becchi había también tiempo para relatar los sueños.

La conciencia moral es una guía fundamental. Desde pequeños, los chicos Bosco aprendieron a distinguir el bien del mal, sin hipocresía y sin astucias. Conocían exactamente lo que debían y lo que no debían hacer. En su lecho de muerte Mamá Margarita dijo al hijo serenamente: “Tengo la conciencia tranquila, hice mi deber en todo lo que pude”.

Dios se aprende en la familia. Los rezos, el catecismo, el sentido de la providencia, los sacramentos, las obras de caridad: todo eso Juanito Bosco lo aprendió sentado en las rodillas de Mamá Margarita. Sobre esas rodillas nació el sistema educativo de Don Bosco.